Realmente ¿qué estás dispuesto a hacer por lo que deseas?

Septiembre es uno de los meses del año en el que muchos de nosotros nos trazamos buenos y loables objetivos: hacer algo de deporte para eliminar esos kilillos que se han empezado a acumular peligrosamente, apuntarnos a clases de inglés para ampliar nuestros horizontes geográficos y sociales, etc. De hecho, es un mes en el que la televisión nos bombardea con anuncios de colecciones. Obsérvalo si no lo has hecho aún.

Hace unos días tuve la suerte de toparme con un artículo en Linkedin escrito por Carlos Puig Sagi-Vela que reflexionaba sobre si de verdad queremos lo que deseamos. En dicho artículo se habla del truco del billete de 100$ que utiliza Mike Michalowicz en el comienzo de muchas de sus charlas, tomado según dice, de Jack Canfield, y que cuenta en el primer capítulo de su libro “El empresario del papel higiénico”. Te gustará.

Mike empieza preguntando: “¿Quién quiere ser multimillonario?”. La sala se llena de manos alzadas.“¿Quién de aquí es multimillonario?”. Las manos bajan. “¿Quién quiere tener un impacto positivo en este mundo?”. Las manos se levantan. “¿Quién lo ha logrado?”, las manos bajan. “¿A quién le gustaría ser conocido por el bien que ha hecho?”. Ahora suben. “¿Quién lo ha conseguido?”. Las manos bajan.

el mayordomo de tus seguros de coche, de hogar, de motos, de vidaDespués de explicar a los asistentes que esas aspiraciones son legítimas pero inalcanzables en ese momento, hurga en su bolsillo y saca un billete de cien dólares. Lo levanta y dice: “Esto es algo que todos podemos ver y sobre lo que todos podemos hablar. “¿Quién quiere este billete de cien dólares?”.

Todas las manos se elevan y él pregunta de nuevo: “¿Quién quiere este billete de cien dólares?”. Las manos siguen alzadas, acompañadas ahora por una expresión extraña en los rostros. La tercera vez que lo pregunta obtiene la misma respuesta. Normalmente tiene que hacer la pregunta cuatro o cinco veces hasta que una persona se levanta avergonzada de la silla, se dirige hacia él y, con precaución, toma el billete de su mano. Los demás se quedan mirándole estupefactos.

Aunque todos levantan la mano diciendo que quieren el billete, sus creencias les impiden cogerlo. Piensan “Es un truco”, “me da vergüenza ir”, “Lo retirará cuando vaya a cogerlo”. Estas poderosas creencias limitadoras mantienen a todo el mundo pegado a su silla, aunque todos quieren los cien dólares.

Pero una persona, quizá por la misma frustración que sentía, decide cambiar su creencia: “Voy a por él”, “¿Qué es lo peor que me puede pasar?”, “Qué más da si es un truco o si se ríen de mí”, “Tal vez sí me lo pueda quedar”, “A lo mejor no es un truco”, “Voy a por él, ¡ahora!”.

Lo único que se interpone entre los asistentes y el billete de cien dólares es aire. Nada más. Sin embargo, la fuerza de sus creencias es tan poderosa que los mantiene inmovilizados. Me pregunto cuántos billetes de cien, y qué otras oportunidades se dejan pasar por culpa del miedo. Y es que si no sustituimos nuestras creencias limitadoras por otras positivas que nos respalden, no podremos conseguir nunca lo que deseamos.

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